¿6 o 9? El origen de las discusiones

julio 28th, 2014 | Posted by carlosfernandezgallardo in Coaching - (Comentarios desactivados en ¿6 o 9? El origen de las discusiones)

Hace unos días, me llegó la siguiente imagen:

distintos puntos de vista

Creo que sobran las palabras y nunca mejor dicho. De qué forma tan sencilla se explican dos diferentes puntos de vista. Si tuviéramos la suficiente humildad para ponernos en los zapatos del otro y ver las cosas desde su posición, desde su historia personal, desde sus vivencias, en definitiva ver los acontecimientos con sus propios ojos, otro gallo nos cantaría. Se acabarían conflictos, peleas y guerras; pero claro, a veces no nos interesa ver la posición del otro y es más fácil no bajarnos del burro. Si lo hiciéramos, ¿de qué íbamos a discutir? ¡Menudo aburrimiento!

La próxima vez que te veas en un conflicto, por favor trae esta imagen a tu cabeza “6 o 9”. Seguro que quitando rigidez, serás un poquito más feliz. Hay una frase que me encanta y que viene muy al caso: “Puedes escoger entre tener razón o ser feliz”.

Tú mismo.

Un abrazo fuerte,

Carlos

Gestión del tiempo. Lo importante, lo urgente.

julio 21st, 2014 | Posted by carlosfernandezgallardo in Gestión del tiempo - (Comentarios desactivados en Gestión del tiempo. Lo importante, lo urgente.)

Seguro que más de una vez has pensado que 24 horas al día no son suficientes para hacer todo lo que tienes que hacer. Si no eres capaz de gestionar 24 horas imagínate lo que sería gestionar más.

El tiempo es nuestro mejor recurso y es un recurso limitado. ¿Por qué cambias tu tiempo? ¿cambias tu tiempo por trabajo dentro y/o fuera de casa?, ¿por ocio?, ¿por amigos?, ¿por familia?, ¿por el móvil?, por…

Hace unos años escuché una frase que me encanta de mi profesor de PNL:

“Somos seres humanos, no haceres humanos”

Siempre tan ajetreados por el hacer, que se nos olvida SER. Y yo el primero. Empiezo el día ya levantándome con el tiempo justo; luego corriendo al trabajo para no llegar tarde. En el trabajo no paro de atender peticiones y correos electrónicos. Luego a casa a seguir trabajando: los niños, los baños, las cenas, recaditos y gestiones varias, escribir el blog, etc. Al final acabo casi todos los días a las tantas, agotado y sin haber parado. Más o menos esa es mi rutina diaria. Y así van pasando los días, las semanas y hasta los meses. Y cuando te das cuenta ya has cumplido un año más. ¡Uf!

Menos mal que de vez en cuando mi mujer y yo sacamos unos ratitos para nosotros solos para compartir un café y charlar sobre nuestras inquietudes, planes, anhelos o lo que sea;  o simplemente para ver una peli juntos. Es muy necesario.

Y también de vez en cuando hasta me organizo para sacar un ratito para mí, para salir a correr o a montar en bici. Ah, ¡benditos momentos de soledad! Es en esos ratos en donde me gusta pensar. Me evado de las preocupaciones del día, se van las tensiones y los malos rollos. Me gusta hacer planes.

El simple hecho de escribir este artículo, me está ayudando a tomar conciencia de lo rápido que vivo mi vida, así que voy a intentar poner un poco de sosiego entre tanto bullicio.

¿Recordáis el conocido cuadrante de lo urgente y lo importante? Es más o menos así:

importante_urgente

Por ejemplo, en el primer cuadrante –urgente y ni importante – ahora mismo tendría tareas como renovar la licencia antivirus en el ordenador que ya ha expirado.

En el segundo cuadrante tengo pendiente firmar mañana los documentos de la asociación para llevar al notario el lunes sin falta.

En el tercer cuadrante por ejemplo, ir al ayuntamiento a domiciliar el pago del impuesto de circulación.

Y por último en el cuarto cuadrante construir el coche teledirigido a mi hijo y revisar mi proyecto de plan de vida laboral.

¿Te sientes identificado con alguno de ellos? ¿En cuál se te va la mayor parte del tiempo? Nos pasamos gran parte de nuestras vidas en el primer y segundo cuadrante, despachando tareas sin fin; unas salen pero van entrando otras nuevas y así pasan los días.  Vamos posponiendo aquello que no es urgente pero si importante.

Hasta que, Dios no lo quiera, si algún día ocurriera alguna desgracia, lo más probable es que te acordaras precisamente de aquello importante pero no urgente que dejaste sin hacer y que ya no tiene remedio. Aquel beso a tu madre que no diste, aquella reconciliación que nunca llego a suceder, aquel regalo que podías haber hecho, aquel proyecto precioso que se quedó en el aire, aquella montaña por subir…

Es como para darle una buena pensada, ¿no crees?

Me encanta esta película titulada “Una cuestión de tiempo”. Espero que os guste.

Un abrazo,

Carlos

Nunca pierdas la esperanza. Todo pasa.

julio 14th, 2014 | Posted by carlosfernandezgallardo in Calidad de vida - (Comentarios desactivados en Nunca pierdas la esperanza. Todo pasa.)

Algo que tuve que aprender cuando me quedé en paro fue a levantarme una y otra vez.

Recuerdo que llevaba ya medio año sin trabajo cuando formé parte del proceso de selección de una conocida empresa de informática. Tras múltiples entrevistas con el responsable técnico, el gerente comercial y el propio director general, quedamos al final dos candidatos. Era un puesto muy atractivo tanto profesional como económicamente. Cogieron al otro. Era mejor que yo.

Adiós a semanas de ilusiones y cuentos de la lechera.

No fue la única vez que sucedió. Hubo otras dos ocasiones más muy similares: puestos atractivos y muy bien remunerados. Incluso en una de ellas llegaron a presentarme a mis futuros compañeros de trabajo. Nada. En estos dos casos, paralización de las contrataciones por órdenes de la matriz. No os podéis imaginar lo ilusionados que estábamos mi mujer y yo, que ya tras casi el año y medio en paro, la necesidad que tenía de volver a trabajar era imperiosa. Necesidad porque me estaba quedando fuera del mercado laboral, por salir de mi casa que se me caía encima, por volver a sentirme útil y necesidad por supuesto por el bien de la economía familiar que cada vez se resentía más.

De nuevo adiós a ilusiones y expectativas. Había que seguir sufriendo un poquito más. Así es la vida.

Recuerdo que cuando me daban la mala noticia, ese día y al siguiente me quedaba fatal; desanimado, deprimido y sin ganas de nada. Incluso un día ya no pude más y rompí a llorar. Mi mujer me decía que tenía dos alternativas: seguir deprimido o volver a levantarme y seguir luchando, y que la primera no era opción. Así que no me podía permitir estar mal más que un par de días a lo sumo. Qué bueno mi mujer, ahí metiendo caña. Y se lo agradezco. Creo que a eso de sobreponerse a situaciones adversas,  la RAE lo llama “resiliencia“.

Volver a mi rutina de cada día. Levantarme para preparar desayunos y llevar a los niños al cole (creo que si no hubiera sido por esto, muchos días me los habría pasado enteros metido en la cama), recoger la casa, hacer la comida y buscar trabajo hasta la hora de ir a buscar a los enanos de nuevo al cole. Así un día tras otro.

Me gustaría poder decir que fue un tiempo en el que disfruté mucho más de mis hijos, pero lamentablemente no fue así. Pasaba más tiempo con ellos, pero no disfrutaba más. Mi preocupación y angustia ante la falta de trabajo me impedían disfrutar de lo que me rodeaba, incluso cuando estábamos de vacaciones en la playa toda la familia. Cada vez tenía peor humor. No fue una situación fácil y el rollo coach que me decían de “coachéate a ti mismo“, me tocaba especialmente las narices.

Pero es verdad que el rollo coach, y el apoyo de mi familia y amigos más cercanos, me ayudaron enormemente a salir adelante una y otra vez. Me ponía objetivos a corto y medio plazo y me trazaba mis planes de acción y calendarios.

Y así empezó otra etapa. Dejar las tareas domésticas un poco a un lado para comenzar a pasar más horas delante del ordenador, algún día incluso con el pequeñajo encima de mi que no había ido a la guarde por estar malito, pero esta vez trabajando en el desarrollo de varios proyectos personales para ofrecer talleres y cursos de formación. Ya no quería “mendigar” un trabajo cada vez menos cualificado; era más estimulante y eficiente y las empresas me recibían mejor cuando me auto-presentaba como colaborador con un proyecto bajo el brazo, ofreciendo un servicio de valor.

Tuve la gran suerte de compartir todo este periodo con otra persona muy cercana que estaba en mi misma situación. Empezamos a organizar desayunos de trabajo tras dejar a nuestros hijos en el cole. Compartíamos planes y proyectos; compartíamos ideas, risas, llantos e incertidumbres. Eso he de decir que nos unió mucho.

¡Qué tiempos tan revueltos! Ánimo, desánimo. Altibajos emocionales… Ahora me como el mundo, ahora no valgo para nada. Creatividad, miedo, coraje, valor. Era una montaña rusa. Que tiempos tan buenos y tan malos a la vez.

Buenos, todo pasa (a Dios gracias). No hay que perder nunca la esperanza. Ahora hace ya un año y medio que vuelvo a trabajar por cuenta ajena. Eso me aporta tranquilidad emocional y económica. He aprendido mucho de mi etapa como desempleado. Creo que he crecido un poquito más como persona. Ahora yo sé por dónde quiero encaminar mi vida laboral, pero quién sabe lo que me deparará el futuro. Eso es lo maravilloso.

Os dejo con Emilio Duró en una de sus conferencias sobre el optimismo que no tiene desperdicio. Os vais a reír y vais a aprender muchas cosas, seguro.

Me encantaría que compartieras conmigo tus proyectos. Un abrazo,

Carlos