Una historia sobre un listo, un loco y un calculador

noviembre 18th, 2014 | Posted by carlosfernandezgallardo in PNL - (Comentarios desactivados en Una historia sobre un listo, un loco y un calculador)

Seguramente te ha pasado más de una vez que vas conduciendo y cuando te quieres dar cuenta has llegado a tu destino casi sin darte cuenta, como si el piloto automático condujera mientras tu ibas ensimismado en tus propios pensamientos.

¿Y a cuento de qué viene esto? Viene a cuento de contaros algo sobre la maravillosa máquina que tenemos en la cabeza, responsable de nuestras acciones: el cerebro.

El médico y neuro-científico norteamericano Paul D. McLean (1913-2007) fue el primero en acuñar el térmico cerebro triuno para explicar los “tres cerebros” del ser humano. Con él hace referencia a la evolución milenaria de este órgano aún tan desconocido.

cerebro triuno

El cerebro humano de un adulto es unas 3 veces mayor que el de otros mamíferos de tamaño corporal equivalente. Tiene unas 100.000 millones neuronas y pesa un kilo y medio aproximadamente.

Nuestro cerebro es el resultado de una increíble evolución que ha ido superponiendo capas y capas al cerebro primitivo de los primeros reptiles.

El primer cerebro del que habla McLean, es el cerebro reptiliano que junto con el tallo cerebral es el cerebro más viejo. Es el que actualmente tienen los reptiles. Es el que controla los actos reflejos y el sistema nervioso autónomo, la respiración o el ritmo cardíaco. Es el que hace que un bebe recién nacido comience a mamar, el que nos da sueño tras una gran comida o dolor de cabeza cuando llevamos tiempo sin descansar.

Es compulsivo y controla nuestras estrategias básicas de supervivencia en caso de una posible amenaza para nuestra vida; los ingleses lo llaman las tres F. Así ante una amenaza para nuestra seguridad, tanto real como imaginaria, podemos:

Huir (Fly = volar)

Atacar (Fight = luchar)

O quedarnos paralizados (Freeze = congelar)

Los recuerdos archivados del cerebro reptiliano son los del momento presente que vive. Responde de forma refleja ante las situaciones de  estrés y de peligro inminente. A él se le atribuyen las rutinas, la agresividad, la territorialidad o las jerarquías sociales.

Es el responsable máximo de nuestra supervivencia y sólo le importa eso. No le importa lo ajetreados que estemos, lo importante que sea ir a una reunión, no le importa el éxito o el deber. Tan sólo le importa nuestro bienestar y salud. Cuando llevamos una vida demasiado complicada, este cerebro nos manda señales en forma de cansancio, dolor de cabeza o malestar porque nos está pidiendo a toda costa que paremos un poco ya que de seguir así nuestro organismo puede sufrir un colapso. Pero no le hacemos caso y nos tomamos aspirinas o tranquilizantes para no bajar nuestro ritmo de vida habitual.

¿Y qué hace al final el cerebro reptiliano cuando se cansa de que no le hagamos caso? Pues por ejemplo, nos manda una enfermedad grave o un accidente o algo que forzosamente nos obliga a parar y cambiar de vida. Es así de claro.

Tienen que pasar millones de años y de evolución de las especies, para que se forme un  segundo cerebro sobre el primero; el cerebro límbico. Este es el de los mamíferos en general.

Permite sentir emociones y afecto y una mejor adaptación a los cambios el entorno, y atender mejor las necesidades del momento. Opera con parámetros bipolares como  agradable/desagradable, bien/mal, atracción/rechazo. Es el responsable de las pasiones, la motivación, y sienta las bases para el desarrollo de la personalidad y el aprendizaje. Todos los aspectos de la de actividad humana relacionados con  las emociones tienen su sede en el sistema límbico.

Es el cerebro del amor, de los asuntos del corazón que la razón no entiende. Es el que hace que mama gacela corra a salvar a su cría aún a costa de su propia vida. Aprendemos y nos desarrollamos por amor. La mejor asignatura del cole es la que aprendimos con el profesor que más nos gustaba y hacía reír. Por amor hacemos cosas que no nos gustan. Este cerebro se formatea de 0-3 años por imitación.

Es el que nos hace hacer locuras. Propicia la motivación al logro, ya que trabaja con una serie de neuroquímicos que propician el impulso para dar órdenes al cerebro reptiliano de movilizarse para efectuar el deseo. Es el responsable del amor, del odio, del altruismo, del deseo, de los celos, de la angustia, del temor, de la culpa, de la memoria.

Por último, aparece el tercer cerebro, el neocortex, el más joven, con tan sólo unos 180.000 años de edad. Es el que permitió al Homo Sapiens desarrollarse. El neocortex ha alcanzado en el hombre una dimensión tan grande que debe plegarse sobre sí mismo para tener cabida dentro de la cabeza.

Es el centro del lenguaje, el razonamiento, el cuestionarse sobre quiénes somos y a dónde vamos y la trascendencia o espiritualidad. Con él, desarrollamos el análisis, la creatividad, la intuición, el pensamiento, el lenguaje verbal, la conciencia y por tanto la capacidad de elección. Es el que nos hace comportarnos como seres civilizados. No responde  a los estados emocionales por lo que se le considera frío y calculador.

Lo compartimos con algunas especies, como los primates o los delfines, aunque al ser humano le diferencia un mayor perfeccionamiento del lóbulo frontal.

Según McLean, en él se desarrollan una serie de células nerviosas dedicadas a la producción del lenguaje simbólico, a la función asociada a la lectura, la escritura o la aritmética entre otras muchas más funciones.

Está dividido en dos hemisferios, izquierdo y derecho. El izquierdo es el responsable de los profesos lógicos de aprendizaje, de los números y las letras, del lenguaje hablado y escrito, de la ciencia, del control de la mano derecha; mientras que el derecho se encarga de las tareas de creatividad, la intuición, la imaginación, las artes, la percepción tridimensional o el control de la mano izquierda.

La combinación y trabajo en conjunto de los tres cerebros hace del ser humano la especie más evolucionada sobre la faz de la tierra, con su capacidad de crear y de destruir, de amar y de odiar, de perdonar y de guardar rencor.

Ahora que sabemos un poquito más cómo funciona nuestro cerebro y el porqué de nuestros comportamientos y acciones, hagamos un buen uso de él para servir a los demás, para dar amor, para cuidar y cuidarnos más, para sacar lo mejor de nosotros mismos. Pongamos nuestros talentos al servicio de la raza humana para enriquecerla. Entre todos tenemos mucho que aportar para hacer de nuestra tierra un hogar más cálido, como decía Michael Jackson en su “Heal the world”.

Hay una película-documental que habla muy bien de todo esto. Dentro de la comunidad científica tiene sus detractores y sus defensores, pero sin duda da que pensar y es original: “Y tú que sabes” (What the bleep do we know). Que la disfrutéis.

Y como siempre, si te ha gustado, compártelo con tus amigos. Un fuerte abrazo,

Carlos

Juego – La rueda de tu vida

julio 7th, 2014 | Posted by carlosfernandezgallardo in Coaching | PNL - (Comentarios desactivados en Juego – La rueda de tu vida)

Qué bien esto de las cámaras digitales que puedes ver instantáneamente la foto que acabas de hacer. No hay que esperar a revelar el carrete. Hoy te propongo un juego para tomar una fotografía instantánea, pero de tu vida.

rueda de la vida

Cómo se juega

Verás que esta rueda tiene 10 radios graduados. El juego consiste en poner en los extremos de cada radio, un pilar o un principio o un valor sobre el que se sostiene tu vida a día de hoy. Por ejemplo, algunos valores fundamentales podrían ser: salud, amor, espiritualidad, dinero, familia, responsabilidad, respeto, ocio, amigos, trabajo, pareja, desarrollo personal, deporte, carrera profesional…

¿Qué es importante para ti en tu vida a día de hoy?

A continuación, tras haber escrito en el extremo de cada radio un valor o área fundamental, sobre la escala graduada de cada uno de los radios, marca con un punto del 0 al 10 cómo estás viviendo ese valor o principio a día de hoy (siendo cero que no lo estás viviendo nada y diez que lo estás viviendo a tope). Ojo, que no consiste en poner cómo te gustaría vivirlo, sino cómo lo estás viviendo actualmente. Recuerda que vamos a sacar una foto de ahora. Por ejemplo, si estás en paro pero el trabajo es muy importante para ti, el trabajo es un valor que hoy en día lo estás viviendo muy poco (0, 1 o 2). Si los amigos son importantes en tu vida y hoy en día estás rodeado de amigos que te quieren, lo estás viviendo con un valor alto (8, 9 o 10).

Una vez que hayas puntuado cada uno de los valores de la rueda, une los puntos y sombrea la parte interior del dibujo que te ha salido.

¿Cómo ha quedado tu rueda/foto de la vida? Si el dibujo es de todo menos una rueda, tranquilo ¡Qué no cunda el pánico!

Bien, si esa fuera la rueda de un coche, ¿cómo andaría? ¿qué significado tienen en tu vida aquellos valores más bajos? ¿y los más altos? ¿cómo de importantes son ambos? ¿qué pequeña cosa puedes hacer ya para que uno de los puntos suba de forma considerable? Si mejoras en un sólo de estos punto, ¿qué crees que les sucederán a los demás?. Bien, ¿a qué estás esperando para ponerte manos a la obra?

Date cuenta que todos estos y muchos más son valores sobre los que se sostiene tu vida. No son valores aislados. Todos están interrelacionados y juntos te definen como persona. Mejorando un aspecto, indudablemente el resto mejorará. Así que ¿por cual empezamos?

Manos a la obra y a trabajar. Pasados unos meses repite de nuevo este ejercicio para ver los cambios. ¡Te sorprenderás!

Ya me contarás. Un fuerte abrazo,

Carlos Fernández