Coaching

Coaching, couching, coachin, coacher…pero, ¿qué es eso del coaching?

Pues para mi, es algo que desde hace 6 años no me quito de la cabeza. Me explico, el coaching (y la crisis, todo hay que decirlo) me ha llevado a truncar mi carrera profesional, a muchas noches de insomnio y de trabajo hasta las tantas y a echarle horas por aprender más y así utilizarlo en cada momento y aspecto de mi vida.

De un modo más formal, podríamos decir que es una disciplina para ayudar al crecimiento personal, que nos desafía a tomar conciencia de nuestros límites y de nuestras capacidades, de nuestras creencias y emociones y que, unido a nuestra propia responsabilidad y a la puesta en práctica de tareas concretas, nos hace conseguir resultados maravillosos en poco tiempo. En definitiva, esto del coaching es disponer de un entrenador personal o coach para las cosas de la vida.

El coaching no acaba de inventar la rueda ni mucho menos, pero si ha sabido recoger lo mejor de diversas disciplinas, de la filosofía y la psicología, meterlo todo en una coctelera y sacar algo distinto, novedoso y que funciona.

Hasta aquí, más o menos explicado lo que es. Y ahora bien, a nosotros los coaches, que nos dedicamos a esto, ¿qué nos aporta?

Debería decir que obviamente beneficios económicos, un trabajo, un modo de ganarse la vida, pero en cualquier caso e indiscutiblemente, satisfacción personal. Satisfacción por saber que la gente sale un poquito mejor tras las sesiones de coaching. Satisfacción por ver el cambio que se suele producir en las personas. Satisfacción por aportar mi granito de arena a este mi pequeño mundo para hacerlo un poquito mejor y hacer un poquito más feliz a la gente (o eso creo).

Con el coaching he tenido la suerte de tratar con muchas personas. Egoistamente creo que yo me llevo más de lo que doy. He aprendido a valorar mucho más lo que tengo y a ver las cosas desde otro punto de vista.

Y por todo ello doy las gracias.