Mi pensamiento condiciona mis resultados

enero 26th, 2015 | Posted by carlosfernandezgallardo in Inteligencia emocional

Es lunes. Llego a la oficina. Doy los buenos días y pregunto: ¿qué tal?

¡Pues de lunes!

¿Y eso que significa?, pregunto yo. ¿Es bueno o malo? Entonces los compañeros me lanzan una mirada que mejor me callo y no digo más.

Lo mismo es aplicable a los san viernes, pero con un sentimiento muy distinto claro.

A mí también me pasa de vez en cuando algo parecido. A todos nos pasa. A lo mejor estoy en la ducha y me encuentro dándole vueltas una y otra vez a un mismo pensamiento negativo… Algo que me ha pasado, alguna conversación desagradable, alguna preocupación, en resumen algo que me está quitando la paz y causando desasosiego. Y cuantas más vueltas doy a este pensamiento “disco rayado” más grande es la pelota, el drama y mi malestar.

En esos casos lo que intento es parar ese disco rayado en mi cabeza y que no siga dando más vueltas. Para mí es como desconectar parcialmente el sensor del pensamiento. El pensamiento sigue ahí, pero no le doy mucha importancia ni credibilidad. No le dejo que se haga más grande. Abandonar ese dialogo interno que no conduce a ninguna parte es liberador.

Los estudiosos dicen que tanto para bien como para mal, los pensamientos generan sentimientos acordes. Los sentimientos condicionan nuestro comportamiento y nuestro comportamiento determina nuestros resultados.

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Por ejemplo, si tengo una reunión de trabajo o de negocios y pienso en las cosas que puedo tener en contra, en que mi interlocutor puede estar demasiado ocupado como para interesarse por lo que le estoy contando o en que realmente no va salir nada de provecho de esa reunión, lo más probable es que me sienta con el ánimo alicaído o preocupado y ya mi predisposición no sea la más adecuada. En la reunión mi interlocutor percibirá en mí un comportamiento derrotista o poco creíble, yo no daré lo mejor de mí mismo y con toda seguridad el resultado de la misma será poco fructífero. Es la teoría de la profecía autocumplida; el famoso “¡no, si ya lo sabía yo!”.

Sin embargo, lo bueno de este flujo de pensamiento-sentimiento-comportamiento-resultado es que es reversible

Es decir, si queremos cambiar resultados, primero tenernos que saber, ver, oir, imaginar o expresar lo que queremos conseguir. A continuación, teniendo el resultado muy claro, vamos a marcha atrás en ese flujo para averiguar qué comportamiento sería el más adecuado y deseable para conseguirlo. Una vez identificado el comportamiento deseable, buscamos el sentimiento que más podría favorecer ese comportamiento. Y por último, qué pensamiento es el más apropiado para generar ese tipo de sentimientos.

Por aclararlo un poco, vamos a extrapolarlo al ejemplo anterior. Si deseo que la reunión sea un éxito y que de ahí pueda conseguir un nuevo cliente, un contacto o un futuro proyecto, mi comportamiento por ejemplo deberá ser de escucha activa, atento, presente en el momento y de sincero interés buscando sinergias mutuas. Un sentimiento que favorece esta actitud podría ser una mezcla entre serenidad, determinación, empatía o cooperación. Y los pensamientos más favorables para motivar este tipo de sentimientos podrían ser de seguridad, de valía que podemos hacer aflorar recordando situaciones del pasado dentro o fuera de ese entorno en el que demostré una actitud similar.

Por ejemplo, si tomo un caso del pasado que en apariencia parece ser que no tiene ninguna relación con mi objetivo buscado, como es acabar una maratón, en mi caso tendría lo siguiente:

Hace un año me fui a Grecia a correr la maratón original que discurre entre la ciudad de Marathón y Atenas. Puedo recordar mis pensamientos cuando pasada alrededor del kilómetro 28 e iba ya muy cansado. Pensé que el esfuerzo de horas de entrenamiento estaba allí y que valía la pena seguir luchando. Me imaginé cruzando la meta saboreando el éxito. Esa forma de pensar me hizo sentir que a pesar del dolor de mis gemelos, estaba por encima el sentimiento de orgullo y satisfacción que tendría al pasar por debajo de la línea de meta. Este sentimiento me llevó a seguir corriendo pese al dolor. Y este comportamiento tanto mental como físico fue el responsable en gran parte de que pudiera acabar la carrera sin morir en el intento.

Tú también puedes pensar en situaciones personales similares. A diario se nos presentan constantemente hasta en las circunstancias más triviales. En tu mano está dejarte absorber por pensamientos nocivos y derrotistas que no aportan nada o cambiarlos por otros que sean más constructivos y que te aporten la energía que necesitas para lograr tus objetivos.

No puedes cambiar el rumbo de los acontecimientos ni forzarlos para lograr siempre tus propósitos, pero lo que sí puedes hacer es trabajar tu predisposición interior para triunfar. Ese triunfo que está por encima del resultado final. Ese triunfo que te dice interiormente que has sudado la camiseta, que lo has dado todo en el campo de juego; ese triunfo que te hace sentir satisfecho porque has hecho todo lo que estaba a tu alcance. ¡A por todas!

Un abrazo,

Carlos

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