Mi pensamiento condiciona mis resultados

Es lunes. Llego a la oficina. Doy los buenos días y pregunto: ¿qué tal?

¡Pues de lunes!

¿Y eso que significa?, pregunto yo. ¿Es bueno o malo? Entonces los compañeros me lanzan una mirada que mejor me callo y no digo más.

Lo mismo es aplicable a los san viernes, pero con un sentimiento muy distinto claro.

A mí también me pasa de vez en cuando algo parecido. A todos nos pasa. A lo mejor estoy en la ducha y me encuentro dándole vueltas una y otra vez a un mismo pensamiento negativo… Algo que me ha pasado, alguna conversación desagradable, alguna preocupación, en resumen algo que me está quitando la paz y causando desasosiego. Y cuantas más vueltas doy a este pensamiento “disco rayado” más grande es la pelota, el drama y mi malestar.

En esos casos lo que intento es parar ese disco rayado en mi cabeza y que no siga dando más vueltas. Para mí es como desconectar parcialmente el sensor del pensamiento. El pensamiento sigue ahí, pero no le doy mucha importancia ni credibilidad. No le dejo que se haga más grande. Abandonar ese dialogo interno que no conduce a ninguna parte es liberador.

Los estudiosos dicen que tanto para bien como para mal, los pensamientos generan sentimientos acordes. Los sentimientos condicionan nuestro comportamiento y nuestro comportamiento determina nuestros resultados.

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Por ejemplo, si tengo una reunión de trabajo o de negocios y pienso en las cosas que puedo tener en contra, en que mi interlocutor puede estar demasiado ocupado como para interesarse por lo que le estoy contando o en que realmente no va salir nada de provecho de esa reunión, lo más probable es que me sienta con el ánimo alicaído o preocupado y ya mi predisposición no sea la más adecuada. En la reunión mi interlocutor percibirá en mí un comportamiento derrotista o poco creíble, yo no daré lo mejor de mí mismo y con toda seguridad el resultado de la misma será poco fructífero. Es la teoría de la profecía autocumplida; el famoso “¡no, si ya lo sabía yo!”.

Sin embargo, lo bueno de este flujo de pensamiento-sentimiento-comportamiento-resultado es que es reversible

Es decir, si queremos cambiar resultados, primero tenernos que saber, ver, oir, imaginar o expresar lo que queremos conseguir. A continuación, teniendo el resultado muy claro, vamos a marcha atrás en ese flujo para averiguar qué comportamiento sería el más adecuado y deseable para conseguirlo. Una vez identificado el comportamiento deseable, buscamos el sentimiento que más podría favorecer ese comportamiento. Y por último, qué pensamiento es el más apropiado para generar ese tipo de sentimientos.

Por aclararlo un poco, vamos a extrapolarlo al ejemplo anterior. Si deseo que la reunión sea un éxito y que de ahí pueda conseguir un nuevo cliente, un contacto o un futuro proyecto, mi comportamiento por ejemplo deberá ser de escucha activa, atento, presente en el momento y de sincero interés buscando sinergias mutuas. Un sentimiento que favorece esta actitud podría ser una mezcla entre serenidad, determinación, empatía o cooperación. Y los pensamientos más favorables para motivar este tipo de sentimientos podrían ser de seguridad, de valía que podemos hacer aflorar recordando situaciones del pasado dentro o fuera de ese entorno en el que demostré una actitud similar.

Por ejemplo, si tomo un caso del pasado que en apariencia parece ser que no tiene ninguna relación con mi objetivo buscado, como es acabar una maratón, en mi caso tendría lo siguiente:

Hace un año me fui a Grecia a correr la maratón original que discurre entre la ciudad de Marathón y Atenas. Puedo recordar mis pensamientos cuando pasada alrededor del kilómetro 28 e iba ya muy cansado. Pensé que el esfuerzo de horas de entrenamiento estaba allí y que valía la pena seguir luchando. Me imaginé cruzando la meta saboreando el éxito. Esa forma de pensar me hizo sentir que a pesar del dolor de mis gemelos, estaba por encima el sentimiento de orgullo y satisfacción que tendría al pasar por debajo de la línea de meta. Este sentimiento me llevó a seguir corriendo pese al dolor. Y este comportamiento tanto mental como físico fue el responsable en gran parte de que pudiera acabar la carrera sin morir en el intento.

Tú también puedes pensar en situaciones personales similares. A diario se nos presentan constantemente hasta en las circunstancias más triviales. En tu mano está dejarte absorber por pensamientos nocivos y derrotistas que no aportan nada o cambiarlos por otros que sean más constructivos y que te aporten la energía que necesitas para lograr tus objetivos.

No puedes cambiar el rumbo de los acontecimientos ni forzarlos para lograr siempre tus propósitos, pero lo que sí puedes hacer es trabajar tu predisposición interior para triunfar. Ese triunfo que está por encima del resultado final. Ese triunfo que te dice interiormente que has sudado la camiseta, que lo has dado todo en el campo de juego; ese triunfo que te hace sentir satisfecho porque has hecho todo lo que estaba a tu alcance. ¡A por todas!

Un abrazo,

Carlos

Propósitos de año nuevo

Querido lector, ¡Feliz año nuevo!

Un año nuevo ha comenzado para todos. Un año cargado de ilusiones, esperanzas y 365 días para llenarlos de vida y de sentido. Y como casi siempre, llegadas estas fechas todos empezamos a hacernos propósitos para el año que acabamos de estrenar: aprender un idioma, apuntarnos al gimnasio, dejar de fumar, terminar aquella obra que tenemos pendiente y un largo etcétera. Todos los años igual. Septiembre y enero son las fechas en las que los gimnasios y academias hacen su agosto.

¿Y qué pasa luego? Lamentablemente nuestra falta de voluntad y constancia hace que aquellas buenas intenciones no duren más allá de un trimestre (si llegan).

No esperes a enero o a septiembre, ni siquiera al próximo lunes para empezar a hacer aquello que quieres y deseas conseguir. El día es hoy. Sé valiente y no te pongas más excusas.

Te propongo 5 puntos clave a tener en cuenta para definir bien tus objetivos y aumentar su probabilidad de logro. Si aún queda algún Rey Mago rezagado, es posible que todavía pueda leer tu C.A.R.T.A.

 

Como decía Han Solo en la «Guerra de las Galaxias»:

¡Que la fuerza (o mejor dicho, la CARTA) te acompañe!

Si te ha gustado, compártelo con tus amigos. Muchas gracias y como siempre, un fuerte abrazo.

Carlos

El Espíritu de la Navidad

Era un matrimonio pobre.

Ella hilaba a la puerta de su choza pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello negro, largo, como hebras brillantes salidas de su rueca. 

Él iba cada día al mercado a vender algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No le llegaba el dinero para comprar ni un pellizco de tabaco.

Se acercaba un día especial y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y, además, ¿con qué dinero? Una idea cruzó su mente. 

Sintió el escalofrío al pensarlo, pero, al decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para comprarle tabaco para su pipa. Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y de jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y prestigio de un verdadero comerciante. 

Sólo obtuvo por su pelo unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo. 

Al llegar la tarde regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos humildes peines para su mujer, que acababa de comprar, tras vender su pipa.

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Ni siquiera este precioso cuento de amor sería un buen ejemplo del espíritu de la Navidad.

En estos días que llegan cada uno que dé su sentido a la Navidad, ¡al nacimiento de Cristo!. Eso es precisamente lo que celebramos y por lo que entre otras cosas, disfrutaremos de unos días de vacaciones, de regalos y de comer y beber en compañía.

¡Feliz Natividad!